Manuel Soutullo
Ponteareas, 2002, Plaza Mayor. Fiestas del Corpus.
A la memoria de mi bisabuelo.
Poco se ha escrito de la vida de Manuel Soutullo, y lo que se ha hecho está a la sombra de una gran figura, la de su hijo, Reveriano Soutullo, el insigne compositor ponteareano. Sin embargo, Manuel Soutullo también tiene su luz propia, y pocos saben que se aventuró en el mundo de la composición, y que las notas salidas de su musa se tocaban en las agrupaciones y bandas gallegas de su entorno. Manuel Soutullo Valenzuela, nació en el último semestre de 1849 en esta hermosa tierra Ponteareas bañada por el río Tea. Se casó joven con Carolina Otero Parga, natural de Redondela. Allí se encuentra el matrimonio viviendo en el nacimiento de su primer hijo. En 1874, el veintiséis de marzo nace Victoriano Calixto Luciano. Después, vendrá el segundo de los varones Jacinto Egido, el 10 de octubre de 1876. Más tarde Daniel, el 25 de julio de 1878. Reveriano será el cuarto. Aquel once de julio del año 1880, el matrimonio de los Soutullo se encontraban visitando a los padres de Manuel, Domingo y Benita, naturales de Ponteareas. Hay quienes cuentan que a más de visitar a la familia, padres, hermanos, tíos amigos y parientes de Manuel, habían ido a las ferias de ganado que por aquellos días se celebraba en la villa. Tampoco es desventurado pensar que quizás Manuel deseaba que alguno de sus hijos naciera en su tierra de origen, en donde él tenía sus raíces. De hecho su firma aparece en la partida de nacimiento. Los abuelos del futuro compositor, labradores de oficio, vivían en el sencillo barrio de la Castiñeira, cuando Carolina Otero se puso de parto, quizás antes de tiempo, y vino al mundo Reveriano Soutullo, a las dos y media de la tarde del 11 de julio de 1880. Por aquel entonces Ponteareas era uno de los pueblos españoles donde se sentía más afición a la música. Y la banda de Municipal de la villa gozaba justa fama de ser una de las mejores de su clase. Se deduce que fue en ella donde Manuel Soutullo Valenzuela realizó la formación que posteriormente le permitió dirigir la banda de Redondela. Y aunque no hay documento escrito, su firma de letra clara , firme y bien dibujada que acompaña a la acta de nacimiento de su hijo Reveriano, nos indica que a pesar de la humildad de su cuna, sus padres se preocuparon de que Manuel recibiera alguna clase de estudios.
Labrador de oficio, forjó su carácter en las tareas de campo. Más tarde, en Redondela tuvo una herraría, situada de camino a la playa de Cesantes. Impetuoso, vivo, no se le tuerce la voluntad fácilmente. Según se dice una pelea con el conde de Bugallal, al que arroja al río Tea, determina que sea desterrado a Portugal por un tiempo. La historia se confirma parcialmente cuando se le encuentra trabajando y domiciliado en Portugal. En otra ocasión, se entera de que piensa entrar a robar a su casa, se esconde y echa por la ventana a quienes quieren mermarle la hacienda. En su quehacer de herrero, levanta y para un carro de bueyes desbocado. Rozando la leyenda se encuentran estas anécdotas, contadas oralmente por la familia, que señalan la osadía, la firmeza y la fuerza física y de carácter de Manuel Soutullo. Puenteareas, 2002, calle Gabino Bugallal Una familia numerosa que cada día crece más, es la formada por Manuel y Carolina. Una familia impregnada de amor a la música, y en donde desde el principio la formación de sus hijos en este campo está presente. Él será su primer maestro. Con tres años y medio Reveriano deja de ser el benjamín de la familia con la llegada de las gemelas Carmen y Aurora, el seis de febrero de 1884.