Amores de aldea

Situémonos en la primavera de 1914, en la correspondencia de Soutullo con Manrique Villanueva podemos leer...”Luna estrena el sábado de Gloria dos obras y me ha pedido que le ayude por no tener y estoy haciendo un verdadero sacrificio por cumplir con todo”.A sus trabajos y compromisos con la editorial se une esta colaboración de última hora con el maestro Luna.
En uno de los artículos escrito sobre el maestro Soutullo, el escritor Diego San José comentará. “Como era expertísimo instrumentista, los maestros ya consagrados (Vives, Lleó, Luna, entre los principales) cuando el tiempo les apremiaba le confiaban números de sus obras, y Soutullo, solía hacer en un par de noches lo que a ellos llevables semanas enteras”. Según algunas fuentes Soutullo fue el genial instrumentista de “Doña Francisquita”, del maestro Vives.

“Amores de aldea”, zarzuela de costumbres gallegas se estrenará en la primavera del año siguiente, el 16 de abril de 1915, en el teatro de la Zarzuela, con música de Soutullo y Luna. El ABC alabó el gesto de Luna de simpática modestia destacando los aplausos para recibir al nuevo compositor, y relegándose él al segundo plano. Lo que el crítico de dicho diario no sabía es que el gesto de Luna no era de modestia, sino de justicia al maestro Soutullo. Diego San José, escribiría en su libro “Gente de ayer”(1952), y en uno de sus artículos periodísticos, refiriéndose a la zarzuela “Amores de aldea”. Sin ánimo de menoscabar el glorioso recuerdo del autor de “Molinos de viento”, éste (Luna) no había hecho más que autorizar el estreno con su prestigiosa firma, componiendo algún que otro compás”.
La crítica de España Nueva, señala que Luna sólo había compuesto algunos números, indicándonos así que el peso de la partitura era de dominio público que había caído sobre el maestro gallego.
Una de las mejores críticas, por el estudio que hace de la partitura corresponde a Fernández Núñez y fue publicada a primeros de mayo de aquel mismo año..
“Obra española en ambientes y procedimientos. El joven compositor, ya muy aplaudido, y siempre con justicia, sabe amalgamar los modernos procedimientos técnicos con la fresca y sana inspiración de la melodía popular gallega.
La partitura empieza con un preludio de marcado sabor popular en tonalidad y ritmo. Y los adornos contrapuntísticos que el maestro desarrolla en la orquestra, ni velan el motivo, ni hacen perder carácter a la melodía, armonizada con exquisito cuidado, y desenvuelta con excelente conocimiento de lo que al arte popular se debe“
Para Fernández Núñez, Soutullo acreditó con este preludio y con el resto de la obra poseer una fuerza melódica exuberante y una inspiración lozana y un hacer inagotable.
Se muestra con toda la personalidad de un músico de temperamento español y gallego. Nunca falta en la partitura el vínculo necesario entre poesía y música. Y la expresión está tratada sólida y severamente.
El uso de los procedimientos modernos de la composición se revela, entre otros números, en un preludio del segundo acto. En el último cuadro hay una romanza de gran fuerza pasional cuya instrumentación es irreprochable.
Amores de Aldea. Ar. Fundación
Los bailes, tan difíciles de desarrollar en la orquestra, sin hundirse en la trivialidad y la chabacanería, el maestro ha sabido comunicarles el ambiente rítmico que el baile gallego tiene y la belleza natural de la que no los desposee la forma técnica fugada en la que están hilvanados. En ellos hizo alarde de sus conocimientos orquestales. La elegancia melódica, la fluidez de inspiración, la facilidad en el surgir del motivo, y la dificultad casi insuperable de no perder el ritmo y ni el carácter popular en una fuga tan complicada, se salva con una espontaneidad admirable y con una riqueza armónica e instrumental de verdadero maestro.
La obra fue cantada por Rosario Leonís, que poseía una voz timbrada y de sugestivo acento, a la vez que una notable capacidad para comunicarse con el público
El ABC publicó una fotografía del compositor puenteareano a cuyo pie se puede leer:”El maestro Soutullo, autor con el maestro Luna de la admirable partitura Amores de aldea”.
La Voz de Galicia, ese mismo mes, basada en la fotografía citada, publicó un dibujo retrato del maestro, firmado por Cortés (Fig.1).
Haciendo un resumen de las críticas de las obras expuestas podemos afirmar que en 1916, tres años antes de comenzar su colaboración con Vert, y ocho años antes de estrenarse “La leyenda del beso, el compositor puenteareano era reconocido por sus innegables dotes. El joven que estrenaba en el Novedades y que paso en 1915 a estrenar en el teatro de la Zarzuela, era ya un consumado maestro de inspiración lozana, soberbio instrumentista, con profundos conocimientos orquestales , que sabía modernizar los modernos procedimientos técnicos con la inspiración melódica popular, de elegancia, finura y delicadeza en la composición, fuerza melódica y exuberante fantasía, gran capacidad expresiva, y de encajar la música a las situaciones líricas.